Según el doctor Yuri Silva Portela, especialista en geriatría y fundador del proyecto social Humaniza Sertão, uno de los aspectos más silenciosos del envejecimiento moderno no está directamente relacionado con las enfermedades físicas, sino con la forma en que las personas mayores se relacionan con quienes las rodean. En una sociedad cada vez más rápida y digital, muchas personas terminan pasando largos períodos solas, incluso viviendo cerca de sus familiares o en zonas con alta densidad poblacional.
Los especialistas reconocen cada vez más la soledad como un factor capaz de afectar la calidad de vida, el bienestar emocional e incluso la salud física de los adultos mayores. Al mismo tiempo, el aumento de la esperanza de vida hace que más personas vivan durante décadas después de la jubilación, lo que vuelve aún más importante la construcción y el mantenimiento de vínculos sociales a lo largo de los años. Ante este escenario, crece la necesidad de comprender cómo las relaciones humanas influyen en la longevidad y por qué la soledad se ha convertido en una preocupación tan relevante en los debates sobre salud y envejecimiento.
¿Por qué la soledad se ha convertido en un tema tan debatido en la salud de las personas mayores?
Durante mucho tiempo, la soledad fue considerada una consecuencia natural del envejecimiento. La pérdida de amigos, la salida de los hijos del hogar, la jubilación e incluso las limitaciones de movilidad eran vistas como factores inevitables de esta etapa de la vida. Sin embargo, los especialistas comenzaron a observar que el impacto del aislamiento va mucho más allá de una sensación pasajera de tristeza o nostalgia, pudiendo afectar distintos aspectos de la salud.
Actualmente existe una comprensión más amplia sobre la importancia de las conexiones humanas para el bienestar. Yuri Silva Portela destaca que mantener vínculos sociales activos contribuye no solo a la salud emocional, sino también a la preservación de la autonomía y de la calidad de vida. En este sentido, la soledad ha comenzado a analizarse como una cuestión de salud pública, especialmente en países que enfrentan un acelerado envejecimiento de la población.
¿Cuáles son los impactos del aislamiento en la salud física y emocional?
La ausencia de convivencia social puede generar consecuencias que muchas veces pasan desapercibidas en la vida cotidiana. Cuando una persona permanece aislada durante largos períodos, se vuelve más frecuente la aparición de sentimientos como tristeza, desánimo y pérdida de interés por actividades que antes le proporcionaban placer. En algunos casos, esta situación puede favorecer cuadros de ansiedad y depresión, comprometiendo significativamente el bienestar emocional.

Cabe recordar que los efectos no se limitan al ámbito psicológico. Diversos estudios han demostrado que el aislamiento puede influir en los hábitos de vida, reducir la práctica de actividades físicas y dificultar la adherencia a cuidados importantes relacionados con la salud. Tal como señala el doctor Yuri Silva Portela, posgraduado en geriatría, la falta de interacción también puede contribuir a una menor percepción de propósito y pertenencia, elementos que desempeñan un papel fundamental durante el envejecimiento.
¿Cómo influyen los cambios de la sociedad en este escenario?
Las transformaciones sociales observadas en las últimas décadas han modificado profundamente la forma en que las personas se relacionan. Familias más pequeñas, rutinas laborales más intensas y una mayor movilidad entre ciudades y estados han hecho que muchos adultos mayores vivan lejos de hijos, nietos y otros familiares. Aunque la tecnología facilita la comunicación, no siempre sustituye la convivencia presencial ni el contacto cotidiano.
Al mismo tiempo, la propia dinámica urbana puede dificultar la participación social, ya que en muchas localidades las barreras relacionadas con la movilidad, la seguridad o la falta de espacios de convivencia terminan reduciendo las oportunidades de interacción. En este contexto, Yuri Silva Portela sostiene que promover entornos más inclusivos y acogedores para la población mayor se ha convertido en una necesidad cada vez más evidente frente a los cambios demográficos actuales.
¿Qué puede ayudar a fortalecer los vínculos sociales en la tercera edad?
Combatir la soledad no significa únicamente aumentar el número de personas alrededor del adulto mayor. La calidad de las relaciones también desempeña un papel fundamental. Participar en actividades comunitarias, grupos de convivencia, acciones culturales o iniciativas de voluntariado puede favorecer la creación de lazos significativos y estimular una participación más activa en la sociedad.
Del mismo modo, el apoyo familiar sigue siendo un elemento importante. Pequeños gestos, conversaciones frecuentes y la inclusión de las personas mayores en las decisiones cotidianas contribuyen a fortalecer el sentimiento de pertenencia. Además, experiencias desarrolladas en proyectos sociales y acciones comunitarias demuestran que la convivencia y el intercambio de experiencias pueden generar beneficios tanto para la salud emocional como para la calidad de vida en general.
¡La conexión humana también es una forma de cuidado!
Con el envejecimiento de la población, crece la comprensión de que la salud no está relacionada únicamente con la ausencia de enfermedades. Factores como la participación social, los vínculos afectivos y el sentimiento de pertenencia influyen directamente en la forma en que las personas viven la tercera edad. Por esta razón, la lucha contra la soledad ha ido ganando espacio entre los temas considerados esenciales para promover un envejecimiento saludable.
Yuri Silva Portela resume que abordar la salud de las personas mayores exige una visión amplia, capaz de considerar aspectos físicos, emocionales y sociales. En un escenario marcado por el aumento de la longevidad, fortalecer las conexiones humanas puede ser tan importante como fomentar hábitos saludables, contribuyendo a que más personas envejezcan con autonomía, dignidad y calidad de vida.
Autor: Diego Rodríguez Velázquez


