La Reforma Tributaria ya comenzó, pero buena parte de ella solo entrará plenamente en vigor a partir de 2033. Según Parajara Moraes Alves Junior, consultor en planificación tributaria, sucesoria y patrimonial rural, esta combinación de fechas es actualmente la mayor fuente de confusión entre los productores rurales, que no tienen claro qué está realmente vigente y qué todavía depende de una reglamentación complementaria.
La EC 132/2023 creó el diseño general del nuevo sistema tributario, y la LC 214/2025 detalló buena parte de las reglas específicas para el sector rural, incluidos los créditos y las reducciones previstas para la producción agropecuaria. Sin embargo, la transición entre el modelo antiguo y el nuevo se extiende durante casi una década, con diferentes etapas que entran en vigor en distintos años, cada una de ellas incorporando una nueva obligación para quienes ya operan en el campo.
Comprender este cronograma permite evitar dos errores comunes: actuar demasiado pronto sobre una regla que todavía no está vigente o ser sorprendido por un cambio que ya estaba previsto desde hace tiempo. A lo largo de este artículo, se aclaran las dudas más frecuentes sobre lo que ya ha cambiado y lo que todavía está por venir.
¿Qué ya está vigente para el productor rural?
Durante el período de prueba, iniciado recientemente, el IBS y la CBS ya se aplican con una alícuota simbólica, únicamente para calibrar el sistema, mientras que los impuestos anteriores, como PIS, Cofins e ICMS, continúan siendo recaudados normalmente por el productor, sin modificaciones en la rutina de cálculo ya conocida.
Esta fase de prueba no genera actualmente un impacto financiero relevante, pero ya exige la adaptación de los sistemas y de la rutina contable. Parajara Moraes Alves Junior explica que la emisión de documentos fiscales debe contemplar desde ahora los nuevos campos, incluso sin que exista todavía una recaudación efectiva significativa.
¿Cuándo comienza realmente el cambio a afectar el bolsillo?
La sustitución gradual de los impuestos anteriores por el IBS y la CBS se produce por etapas a lo largo de varios años, con una reducción progresiva de las alícuotas del sistema actual a medida que el nuevo sistema asume una proporción mayor de la recaudación total del país.

Este será el período en el que productores y compradores sentirán, de hecho, el efecto combinado de ambos sistemas funcionando de manera simultánea. Parajara Moraes Alves Junior señala este intervalo como el más delicado de la transición, precisamente porque exige un control simultáneo de las reglas antiguas y nuevas dentro del mismo período de cálculo contable.
¿Existe algún beneficio específico para el sector rural?
La legislación prevé un tratamiento diferenciado para los productos de la canasta básica y para parte de la producción primaria, con una reducción de la alícuota en comparación con el régimen general del IBS y de la CBS aplicado a otros sectores de la economía, lo que permite preservar parte de la competitividad del sector.
Este tratamiento no es automático ni uniforme para toda la producción: depende de la correcta clasificación del producto y de la operación dentro de las reglas específicas del sector. Parajara Moraes Alves Junior recomienda seguir de cerca la reglamentación, ya que algunos detalles relevantes de esta clasificación todavía están siendo definidos mediante normas complementarias específicas para el sector.
¿Qué cambia para quienes todavía no se han organizado?
Los productores que aún no han adaptado la emisión de facturas fiscales y los registros contables a los nuevos campos exigidos corren el riesgo de acumular incumplimientos regulatorios, incluso sin que exista un impacto financiero inmediato durante la fase de prueba iniciada recientemente.
Corregir esta brecha de forma gradual, y no de una sola vez en el año en que la recaudación efectiva comience a tener un mayor impacto, reduce el volumen de ajustes necesarios en cada etapa de la transición y evita una acumulación difícil de resolver de una sola vez. Según Parajara Moraes Alves Junior, esta es la diferencia entre acompañar la reforma y tener que correr detrás de ella.
¿Cómo prepararse sin anticipar decisiones precipitadas?
Seguir la reglamentación a través de fuentes oficiales, sin dejarse llevar por interpretaciones apresuradas que circulan entre productores en las redes sociales y en conversaciones informales, es la primera precaución que debe adoptarse en esta fase todavía incompleta de la reforma.
Revisar la estructura tributaria de la propiedad en cada nueva etapa del cronograma, en lugar de intentar prever de una sola vez el escenario definitivo de 2033, permite realizar ajustes más seguros y menos costosos a lo largo del camino. Según Parajara Moraes Alves Junior, esta es la postura que mejor protege al productor rural durante todo el período de transición, año tras año, hasta la implementación completa del nuevo sistema.


